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La importancia de la liberalización de los servicios, daños de los monopolios y dificultades de las reformas estructurales PDF Print E-mail

 

 

REMEDIOS POLÍTICOS QUE PUEDEN FAVORECER LA LIBRE COMPETENCIA EN LOS SERVICIOS Y ATAJAR EL DAÑO CAUSADO POR LOS MONOPOLIOS. TRIBUNAL DE DEFENSA DE LA COMPETENCIA. 1993 

 

 

IMPORTANCIA DE LA LIBERALIZACIÓN DE LOS SERVICIOS, DAÑOS DE LOS MONOPOLIOS Y DIFICULTADES DE LAS REFORMAS ESTRUCTURALES  


 


 

 

Nota terminológica. El objetivo de este Informe es hacer propuestas para introducir o ampliar la competencia en ciertos sectores. Por ello, «competencia» es la palabra más usada a lo largo del Informe. Sin embargo, a veces se utilizan como sinónimos otros términos como «liberalización» o «reformas estructurales». Ello es correcto porque la mayor parte de las veces competencia significa liberalización, esto es, dejar en libertad a las empresas para que puedan adaptarse a los deseos del consumidor. También es adecuado llamar estructurales a estas reformas ya que alteran las reglas de juego, y aunque lentas de implantar, sus efectos son profundos. Sin embargo, se ha descartado utilizar la palabra «desregulación» porque es un término más amplio que el de competencia y se ha utilizado a veces para suprimir regulaciones que protegen bienes generales, como la salud o la seguridad. Estas regulaciones se imponen por igual a todos los operadores y no tienen por qué ser suprimidas al introducir competencia. Por otro lado, «desregulación» es un término inadecuado porque la introducción de competencia muchas veces requiere modificar y no reducir la regulación.

 

 


 

 

La liberalización de los mercados es una de las tareas más difíciles de la política económica. La liberalización de los servicios, que es la tarea que se propone el Gobierno en el Programa de Convergencia, es particularmente más difícil. Este capítulo se dedica a explicar el por qué de dichas dificultades, señalando que sólo pueden ser superadas si se es consciente de la importancia de los beneficios de las reformas estructurales y del daño que se produce al país si se mantienen los monopolios o las restricciones a la competencia.

 

2.1 Importancia de la liberalización de los servicios


El gran beneficiario de la competencia es el consumidor. Con la competencia los precios bajan, la calidad mejora, las empresas se vuelven exquisitas en el trato a sus clientes y, lo que es más importante, el consumidor ve incrementadas sus posibilidades de elección. Cuando hay monopolio o restricción de la competencia, al consumidor se le impone todo. Se le impone un abanico limitado de productos a elegir. Se le imponen calidades, precios y, especialmente, el trato que las empresas le dan. El monopolio hace esperar a un cliente porque sabe que no hay ninguna otra empresa que pueda suministrarle el servicio que el monopolio le niega. Pero, en el momento en que aparece un competidor, la captación y mantenimiento de un cliente se convierte en la tarea fundamental de la empresa. Aunque a veces se señalan los problemas que a corto plazo la competencia pueda crear a las empresas, todo el mundo admite sus efectos beneficiosos para los consumidores.

 

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En principio, todo el mundo saldrá ganando con la competencia, excepto las empresas que actualmente están prestando sus servicios aprovechando la falta de competencia. Pero incluso para la mayoría de estas empresas, los costes sólo existirán en el corto plazo ya que, en el medio plazo, muchas de ellas podrán resultar beneficiadas. Ciertamente, la introducción de la competencia obligará a reestructuraciones y a una gestión distinta en las empresas que antes disfrutaban del monopolio o se protegían con restricciones a la competencia. Y, seguramente, tal y como ya ha sucedido en la industria, la competencia hará más incómoda la vida de las empresas de servicios. Sin embargo, en el largo plazo, la competencia favorecerá a esas empresas que están ahora al abrigo de la competencia. La competencia les obligará a innovar, a mejorar su gestión y su competitividad. En consecuencia, la mayoría de esas empresas no sólo sobrevivirán sino que expandirán sus actividades y aumentarán sus beneficios.

 

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Por eso, aunque el principal beneficio de la competencia es que alarga las fases de expansión, un momento de recesión es también un momento adecuado para liberalizar. De hecho, este es el momento adecuado para tomar medidas. Ya que desde que las reformas se diseñan o aprueban hasta que comienzan a generar los efectos positivos descritos pasa un cierto tiempo. Por ello es necesario emprender la liberalización cuanto antes, para que cuando llegue la expansión, España pueda aprovecharla plenamente.

 

2.2. Daños de los monopolios


En España, al igual que ya ha sucedido en otros países que se han propuesto liberalizar, es previsible que las empresas que viven al abrigo de la competencia reaccionen vigorosamente contra cualquier propuesta de liberalización, destacando las desventajas posibles de la competencia y, sobre todo, señalando los costes de pasar de una situación a otra. Aunque sabemos que esos costes –si es que se producen– no son costes ni para el consumidor ni tampoco para otras empresas, las empresas que disfrutan de restricciones a la competencia se ocuparán de presentarlos como costes que deberán ser soportados por toda la sociedad. Por eso es importante evaluar los costes que se derivarían de dejar las cosas tal y como ahora están.

 

 

El otro gran daño de los monopolios o de la falta de competencia se produce sobre el empleo. En la medida en que los monopolios aumentan los costes de las empresas, se reducen las posibilidades de crear empresas internacionalmente competitivas y ello supone que hay menos oportunidades de crear empleo de las que habría en una situación de competencia.

 

2.3. Dificultades de las reformas estructurales


2.3.1. Los intereses de unos pocos

 

La competencia mejora el bienestar de todos los consumidores. La suma total de los beneficios conseguidos por todos los consumidores es muy importante, aunque el beneficio conseguido por cada uno de ellos sea muy pequeño y, por ello, no reparen fácilmente en su importancia. Por otro lado, la introducción de competencia perjudica –a corto plazo– a los que antes producían o prestaban el servicio en situación monopolística. El perjuicio total es pequeño si se compara con el beneficio total de los consumidores, pero, para la empresa que estaba protegida de la competencia el perjuicio puede ser, en el corto plazo, muy importante.

 

 

Este impacto desigual de los beneficios y perjuicios sobre los agentes concretos condicionará la reacción de unos y otros ante el anuncio de la reforma, un elemento que es necesario prever para que las reformas se lleven efectivamente a cabo. Es muy difícil conseguir que se organicen aquéllos que, aunque sean muchos –los consumidores–, se ven afectados individualmente en escasa medida. Sin embargo, es fácil que se organicen aquéllos que, aún siendo pocos, se ven afectados en gran medida. Éstos son los llamados «grupos de interés» que utilizarán todos los recursos a su alcance para defenderse. Esto explica la paradoja de que unas reformas que benefician a todos no sean defendidas por casi nadie y, sin embargo, sean fuertemente atacadas por algunos.

 

2.3.2. La confusión creada a los muchos


Basar la producción en un régimen de libertad no tiene más problemas que los creados por los intereses de unos pocos y la ignorancia de muchos. Pero ambas cosas están relacionadas. Los pocos que están interesados en mantener la situación son los mismos que causan la confusión que se crea en la mayoría, ya que utilizan la confusión para detener la reformas. Por eso es muy importante dedicar algún espacio a examinar cuáles son los argumentos que se utilizan para perturbar e inquietar a los ciudadanos respecto a las políticas de introducción de competencia para, deshaciendo la confusión, tranquilizarles demostrando que la competencia no va contra los intereses de la mayoría, sino todo lo contrario.

 

a) La competencia y el lucro


Quienes se oponen a la competencia han lanzado siempre la idea de que establecer la libertad de competencia es equivalente a estimular la búsqueda del lucro y el beneficio privado.

 

b) La competencia y la intervención del Estado


Otra de las ideas que se lanzan para confundir a la población es proclamar que introducir mayor competencia en un mercado equivale a reducir el papel del Estado.

 

Nada más lejos de la realidad. La competencia en un mercado requiere la regulación y la vigilancia activa del Estado en ese mercado. En primer lugar, el Estado debe imponer siempre una serie de normas limitativas de la actividad empresarial, con independencia de que el mercado sea monopolista o funcione en régimen de competencia, cuyo objetivo es proteger bienes públicos, como la seguridad o salubridad, bienes que pueden ponerse en peligro debido a la naturaleza del producto o a su modo de fabricación. En segundo lugar, porque la defensa de la competencia no puede dejarse en manos de los empresarios, sino que es el Estado el que debe asegurarla mediante una regulación que evite que las prácticas que atenten contra ella puedan ser desarrolladas por los empresarios.

 

Hay otra línea argumental que sugiere que, si se aumenta la competencia, habrá un retroceso de lo público y las empresas no servirán a los objetivos sociales que antes servían los monopolios. Algunos farmacéuticos se ocupan de decir que si hubiera competencia en las farmacias, como la que hay en cualquier comercio, nadie pondría farmacias en lugares apartados. Los monopolios de servicios públicos a menudo proclaman que si la prestación de tales servicios se abre a la competencia, nadie se ocupará de dar servicios públicos a las regiones menos desarrolladas.

 

Se trata así de convencer a la población de que sólo se pueden alcanzar objetivos sociales si se restringe la competencia, lo cual no es cierto. Una cosa son los fines de la intervención del Estado en la vida económica y otra los medios para conseguirlos. La competencia no sólo no es incompatible con la mayoría de los fines públicos que se quieran alcanzar sino que, en muchas ocasiones, es el instrumento más apto para alcanzarlo.

 

c) La competencia y los servicios públicos


Éste es un caso especial de la confusión que hemos comentado anteriormente. El énfasis en la defensa de la exclusividad del servicio público se pone en que es el único medio de que el servicio correspondiente esté a disposición de toda la población. Esto se utiliza para defender que el servicio público se haga en régimen de monopolio y que, además, el monopolio sea público. El problema es que tan loables objetivos no se corresponden muchas veces con los resultados.

 

…...

 

La libertad que tiene España para adoptar una u otra política es muy grande, pues nadie le impone la liberalización de los servicios. Hoy, España puede proceder a la liberalización de los servicios porque crea que es más conveniente al interés general o porque desee desarrollarse y crecer, pero no –todavía– porque se lo vayan a imponer desde fuera. Esta libertad, esta autonomía, complica las decisiones porque, muchas veces, es políticamente más fácil defender unas políticas que vienen impuestas desde fuera, que tener que convencer a la población de que somos nosotros los que debemos tomar las decisiones.

 
 

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